Ayer viernes se llevo a cabo por la noche el segundo debate televisado entre George W. Bush y John Kerry en la Universidad de Washington, esta vez la discusión se centro sobre política interior.

Impuestos, empleos, salud e Irak fueron los principales temas de este segundo debate entre los dos candidatos a la
casa blanca, a diferencia del
primer debate en el que se centraron en política exterior (y se estancaron en Irak al 90%).
A sólo 25 días de las
elecciones en EEUU,
John Kerry y
George W. Bush, respondieron durante noventa minutos a las preguntas de los votantes indecisos, que, al contrario del resto de la serie de debates, podían girar sobre cualquier tema.
Fue un debate más informal donde ninguno de los candidatos cometió errores notables. Ambos mantuvieron un intenso intercambio verbal, y aunque las complejas reglas les impedían interpelarse el uno al otro, con frecuencia se miraron a los ojos directamente.
Bush, que evitó manifiestamente los gestos de impaciencia que tanto se le criticaron hace una semana, se mostró más firme y con un discurso más fluido que en el debate anterior.
Desde la primera intervención estuvieron ambos agresivos: "el presidente ha convertido esta campaña en un arma de engaño colectivo", dijo Kerry, acerca de la ausencia de armas de destrucción masiva en Irak.
Bush respondió acusando a Kerry: "¿cómo se puede liderar a un país cuando cambia constantemente de opinión?".
La economía en EEUU fue un punto de quiebre, con preguntas sobre la reforma de la sanidad pública o el déficit presupuestario, aunque también hubo espacio para el medio ambiente, el aborto o la investigación con células madre procedentes de embriones, que Kerry apoya y de la que Bush está en contra.