Es la primera vez que se halla un agujero negro asociado a una supernova desde la invención del telescopio.
Un agujero negro
[1] es un objeto celeste cuya densidad es tal que la curvatura del espacio adyacente está plegada sobre sí misma, por lo que están aislados del universo exterior y ni siquiera la luz (Al viajar en línea recta y estar el espacio curvado sobre sí mismo) puede escapar. De ahí el nombre, ya que no sólo no emiten luz sino que absorben todo tipo de radiación o materia que se acerque demasiado.
Astrónomos de la Universidad de York, en Toronto (Canadá), y del Observatorio Nacional de Radio Astronomía de Nuevo México (EE.UU.) han descubierto el agujero negro o la estrella de neutrones más joven que se conoce en el Universo.
Este hallazgo confirmaría la vieja teoría de que las supernovas
[2] son el origen de los agujeros negros. El equipo de científicos, utilizando la red de radiotelescopios formada por el VLBA, GBT, y los de la Red Europea VLBI, estudian desde hace años la supernova SN 1986J en una galaxia denominada NGC 891. La supernova fue descubierta en 1986 -de ahí su nombre- y los astrónomos creen que la explosión ocurrió realmente tres años antes. La SN 1986J muestra ahora una emisión brillante o un objeto muy compacto y denso en su núcleo, la primera vez que se percibe algo semejante en una supernova.
Los autores del descubrimiento explican en la revista Science que lo que aparentaba ser nada más que un sutil cambio en las emisiones de radio que se registraron en 1998 escondía, en realidad, que un agujero negro o estrella de neutrones estaba "gritando" desde los restos de la explosión.
Otras emisiones de radio obtenidas en 2002 y 2003 mostraron con mayor fiabilidad que había un objeto muy compacto en los restos de la supernova, y que éste podía ser tanto un agujero negro como una estrella de neutrones.
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