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Mujeres venezolanas: Breves realidades

No ha sido fácil decidirme a escribir sobre esto. Justo hace poco tuve una ensoñación sobre las mujeres venezolanas y me sentí inspirado a escribir sobre ellas. Por eso consulté la opinión de varios panas hombres y quise resumir el asunto de esta manera.

Para cualquier hombre venezolano no existe mejor hembra que la venezolana. La mujer venezolana es increíblemente bella, es cariñosa y compasiva, es dulce y muy tierna. Suele ser la mujer que desea la compañía de un hombre a su lado que la represente, que la mime, que le sea fiel y que comprenda sus necesidades. Sin embargo, no necesita para nada del hombre para mantenerse viva; el hombre es apenas un asunto extra que da sentido, sazón o humor a la vida, es un complemento. Bien pueden vivir sin hombre y como ejemplo observamos a diario a multitudes de mujeres solas o madres solteras que guapean con sus hijos, hogar y trabajo sin necesidad de un hombre.

La mujer venezolana es muy capaz e inteligente. En las universidades e institutos universitarios las matrículas estudiantiles son predominantemente de mujeres. Se están preparando.

Las mujeres venezolanas pueden salir juntas a las discotecas, a una tasca, a un teatro o cualquier cosa que se les ocurra sin el menor temor de ser tildadas de lesbianas. Son compañeras y panas de sus amigas. Recuerdan cada cumpleaños y fecha especial. Están pendiente de los detalles y las cosas que hacen felices a sus amigos.

La venezolana Carolina Marconi

Pero sobre todo, las mujeres venezolanas cumplen el lema aquel de una canción: “primero muerta que sencilla”. Para poner esto en relieve puedo comentar la vez aquella en la que visité Buenos Aires. En aquella oportunidad me llamó la atención que todas las porteñas eran bellas y esbeltas pero pésimamente arregladas: pantalones rotos, sandalias que más sandalias eran cholas; sin maquillaje y en su mayoría, con cigarrillos en la boca y los dientes teñidos con nicotina… ¡Que aspecto! Por el contrario en mi visita a Madrid, noté que las madrileñas eran muy parecidas a las venezolanas, todas muy arregladas y de hecho me sentí como en Caracas visitando ZARA. Las venezolanas son la genialidad de la belleza, el encanto, el maquillaje y el FASHION. Basta con ir cualquier día a recorrer el SAMBIL, o GALERÍAS para mujeres venezolanas bellas y arregladas. Van con la última moda –aunque sea hecha en China- en lentes de sol, maquillaje, pantalones largos o cortos, blusas, perfumes y carteras –desde MARIO hasta CAISEDO-PARRA, pasando por GUCCI y pare de contar-.

Las mujeres venezolanas son bellas y los hombres venezolanos estamos sencillamente locos por ellas.

El problema es que, en su gran mayoría, son unas verdaderas cuaimas.

La mujer venezolana necesita saber en dónde estás y con quién, a qué horas llegarás y por qué. Necesitan además sentir que tienen el poder de dar “permiso” para la salida del compañero y pobre del tipo que salga sin que ella sepa pues le sale hacer lista de regalos y toda clase de maromas para contentarlas después.

Muchos hemos leído ese correo electrónico que describe a las mujeres después de hacer el amor. Así, la española dice: “que cojones tío…”; la gringa: “you fuck me so good..”, la italiana: “ti volgio bene..” y así cada una de ellas dirá de acuerdo a su nacionalidad… La venezolana es una verdadera pesadilla: “Ay… que vergüenza. De verdad yo no suelo ser así. ¿Qué vas a pensar de mi? No debí tomar tanto anoche. Si mi madre se entera…! Verga que locura chamo! Usaste condón, verdad? ¿Acabaste adentro? ¡Que locura chamo!..” Y para de contar que otra verga dice.

Ocasionalmente puedes encontrarte con la chica que te llama por teléfono una vez al mes: sales con ella, vas al cine, luego a tomarse unas cervezas o unos tragos, luego a algún hotel o a su casa, y luego… ¡SAZ! ¡No te vistas que no vas! No te atienden el teléfono, no contestan tus mensajes hasta dentro de un mes, cuando te llamarán no para contestar tus fallidos intentos de comunicarte con ella, sino porque es el momento de salir a cenar y a tirar… o porque peleó con su novio y se desquita contigo… o simplemente por alguna razón que absolutamente imposible de comprender para el ser masculino normal… A veces me pregunto si ellas mismas saben el porqué.

En otras oportunidades puedes encontrarte con la mujer que sabe hacer de todo: cambia los cauchos espichados de su carro, le hace el servicio ella misma, le gusta ordenar ella misma la comida que quiere en el restaurante, corta la grama del jardín y pinta el techo de la sala de su casa… y a la hora de tirar, tiene dos, tres, cuatro orgasmos y ya… Y entonces el pobre güevón del novio se pregunta: ¿Qué coño hago?

A veces puedes tener la novia más linda, pero la caraja pelea contigo el día que quieres estar con ella, sólo para irse a rumbear con unas carajas o aún peor, para irse de rumba con otro tipo…! Qué gran cagada.

Otras, te encuentras con la diva hermosa que vive en tu propio edificio: cabellera resplandeciente, cintura avispa, piercing en el ombligo, caderas oscilantes en un cuerpo de 50 kg, abdomen plano y esculpido, tetitas con pezones puntiagudos amenazantes debajo de la blusa, labios sensuales, carnosos, luminosos, seductores, ojos insinuantes y fragancia alucinante. Esa diva con la sueñas cada día al despertar, en la soledad de tu habitación o de la hora del baño… Esa diva que te tropiezas montones de veces en el ascensor o en las escaleras y que jamás tiene la delicadeza de regalarte una mirada y mucho menos una sonrisa.

Pero un día pasa un milagro: tu madre te dice que pases por casa de fulanita a buscar algo que tiene para ella y de pronto, cual relámpago nocturno que ilumina la más profunda de las noches oscuras y lluviosas, aparece ella detrás de la puerta y te saluda como si te conociera diciéndote: “Hola. Sí, mi madre me dijo que vendrías. Acá está lo de tu mamá..” Cupido hace de las suyas y te quedas enamorado, además, de su voz. A veces, la fortuna toca a tu puerta y una noche cualquiera te quedas a dormir en su casa y tienes que salir huyendo de madrugada pues no puedes hacer el amor ni una vez más… Al día siguiente vas de visita, creyéndote todo un galán: “me las comí todas” te dices y al abrirse la puerta ¡PUM! Un golpe seco, certero, hiriente, desgarrante: el novio de la caraja está allí…

Eso pasa… a veces. Y no te vas diciendo: “¿Qué importa? Ella fue mía… ¿La verdad? Te vas con el corazón destruido al pensar que ella es de otro y no tuya.

Quizá te encuentres con una vecina, agradable, simpática, dispuesta, pero poco agraciada y te preguntas: “¿Por qué yo?

Luego viene el momento definitivo y decides casarte con una venezolana. Pues te puede tocar cualquier cosa. La mujer cariñosa y dedicada o la que no sabe cocinar; la que es más desordenada que tú o quizá la independiente y WORKAHOLIC que ni bolas te para. O cualquier cosa que te puedas imaginar: la más buena de las mujeres o la peor de todas. Y te toca decidir si te quedas en esa situación o si cambias. Si decides cambiar porque esa no era la que querías o porque te cansaste de intentar… entonces ¿qué pasa? Pues créanlo o no, la mayoría de los hombres venezolanos se vuelven a casar o a unir o cualquier cosa por el estilo.

Para los hombres venezolanos no existe, en términos generales, ninguna condición mejor que el de ser pareja de una venezolana y si no es venezolana, pues es entonces de una que se le parezca. Y así aparecen las uniones con colombianas, panameñas, peruanas –si no que lo diga mi amigo Henry- y pare de contar.Es que no importa como sea la venezolana: grande o bajita, rubia, morena, negra o amarilla. No importa si tiene el cabello lacio o con bucles, largo o corto. No importa si es universitaria o no. Lo único que importa es que la mujer sea lo que siempre hemos soñado: nuestra compañera idónea. Pasa que los venezolanos no solemos ser unas joyas, solemos ser unas “joyitas” y algunas veces no damos la talla para lo que ellas necesitan. Podemos ser infieles o no; quizá tenemos “amigotes” o nos gusta la cerveza o quien sabe cuántos otros defectos… y si encontramos a una buena pues la echamos a perder y si somos nosotros los buenos, pues nos echan a perder ellas… ¿Qué podemos hacer?

Bien dirían mis amigos Rafael y Rosalba: “50-50”.

En una relación de pareja todos tenemos la mitad de las responsabilidades, “50-50”. La inacción puedes ser tu mitad de la culpa. La acción puede ser el 50% del éxito.

Créanme, no es fácil. Pero yo lo sigo intentando… con una venezolana.

Post enviado por el Dr. Jairo J. Ruiz Rodríguez [Blog]

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