Gastos por alimentos y vivienda ocupan 58% del presupuesto familiar
El presupuesto familiar venezolano es dominado por los gastos de alimentación y vivienda, seguido de gastos de salud y vestido que también muestran ser prioritarios. En tiempo de crisis se reduce el ahorro.
Investigaciones realizadas por el Centro de Mercadeo del Iesa han demostrado que los sectores D y E del país, los de más bajos recursos, cuentan con una gran poder de compra en el mercado interno. En esos segmentos sociales se agrupa el 78% de la población venezolana, que constituyen “el 70% del consumo; en el Iesa los llamamos mayorías al representar la mayoría de la población venezolana”, dijo la investigadora Silvana Dakduk.
Ese gran segmento poblacional destina el 44% del presupuesto a bebidas y alimentos, el 14% a vivienda y pago de servicios, seguido por salud, vestidos y calzado, reveló por su parte un estudio reciente de Datanálisis. “Todo lo demás es una distribución parecida al resto de las escalas sociales”, dijo el director Luis Vicente León. Cuando hay períodos de crisis lo que esa población reduce en primer lugar es el ahorro, luego la diversión y después vestido y calzado.
Reducen, asimismo, los bienes complementarios como chucherías, lo que no ocurre en las clases A y B que sí los mantienen. “Aún así, el poder de compra de esa población es elevado.
En el ámbito mundial, la industria produce para satisfacer necesidades de las clases sociales A y B, pero en la medida en que la crisis avanza se ha visto la necesidad de atender más a ese sector, aunado a que esa crisis ha provocado que la gente replantee su agenda de consumo para distribuir mejor el gasto, rendir el presupuesto y protegerse de la crecida de los precios, agregó Dakduk.
Los consumidores de los estratos socioeconómicos más bajos suelen ser leales a las marcas, debido a que estas son un indicador de la calidad de los productos y, esos consumidores buscan calidad, explica Carlos Jiménez, director de Datanálisis.
Sofía Esqueda, profesora de Gerencia de Mercado, aduce que “cada vez es más evidente que los procesos de compra y consumo están más vinculados a aspectos emocionales que a procesos racionales”, y agregó que las decisiones de compra de los consumidores responden menos de lo que cabría esperar a motivaciones como el precio o los argumentos de producto, por lo que las emociones son un factor decisivo.
(Artículo publicado en la versión impresa de Panorama)
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