La república helénica se encuentra viviendo momentos de incertidumbre mientras se conoce de forma definitiva los planes del nuevo gobierno. Por lo pronto la deuda de 250 mil millones de dólares se le hace más pesada.
El pasado 4 de octubre el partido político Movimiento Socialista Panhelénico (Pasok) logró imponerse en las elecciones legislativas consiguiendo 160 de 300 escaños, lo que ha permitido que, Giorgios Papandreu, sea el nuevo primer ministro de la República Helénica (Grecia).
Papandreu llega al poder con la intención de acabar con los graves hechos de corrupción que deja el antiguo gobierno, en su juramentación, el nuevo primer ministro señaló lo siguiente, "Se cortará con machete el despilfarro en el sector público, se implementará un sistema justo de cobros de impuestos y se impulsará la descentralización del poder y la transparencia". Más allá de que cuenta con mayoría absoluta en el parlamento, lo que agilizaría los cambios, ya hay indicios de que la tarea no será nada sencilla. (1)
De acuerdo a la información disponible Grecia tendrá que reducir su gasto quiera o no, y no es por el programa político, sino que sencillamente los inversionistas están cada vez más escépticos de prestarle. Es que el hecho de que en 2009 este pequeño país del sudeste de Europa terminaría con un déficit público equivalente a 12,7% de su Producto Interno Bruto y una deuda de más de 113% de su producción de bienes y servicios, tiene a los mercados internacionales de crédito valorando a la baja la deuda soberana de Grecia (2).
Debido a esas condiciones macroeconómicas la firma calificadora de riesgo, Fitch Ratings, ha rebajado la calificación de la deuda soberana helénica de “A-“ a “BBB+” (3). Esta reducción en la calificación de la deuda griega implica que los inversores exigirán una mayor compensación por tener deuda helénica en comparación a títulos alemanes, en ese sentido, la diferencia entre la tasa que paga un bono griego y un alemán podría pasar de 2,16% a 4% (4).
Esto se traduciría para el gobierno griego en mayores costos de financiamiento de su déficit, por lo tanto es más que necesario que sea reducido. El problema de la reducción del gasto público es su efecto recesivo sobre la economía, ya que eso implica menores salarios, menor empleo y conflictos sociales.
¿Déficit bueno o malo?
Los déficit fiscales se presentan cuando los gobiernos gastan más
dinero de lo que logran generar o recaudar. Una identidad económica
básica es que el gasto del gobierno es igual a los impuestos
recaudados, y esto sería así si no existiesen los mercados de créditos
internacionales, los cuales prestan grandes sumas de dinero a países
que lo requieran a cambio de una promesa de devolución del dinero más
unos intereses por el uso del mismo.
Generalmente se acepta que un déficit puede ser bueno si es destinado a
realizar inversiones que generarán mayores ingresos en el futuro que
permita pagar la deuda. El problema de Grecia es que salvo 2006, desde
1981 el déficit fiscal ha estado por encima del 3% del PIB, esto quiere
decir que los déficits se han convertidos en estructurales. Esta
situación tarde o temprano debe cambiar, ya la deuda helénica se sitúa
en 250.000 millones de dólares, y por lo pronto será más difícil de
pagar (5).
A pesar de haber expresado la mayor disposición a colaborar, Joaquín
Almunia, comisario de Asuntos Económicos y Monetarios de la Unión
Europea, ha sido enfático al afirmar que las medidas deben ser tomadas
por Grecia en primera instancia y luego la UE apoyaría (6). Dada la gran compenetración existente entre los mercados de la Unión Europea, una crisis en Grecia llevaría a incrementar el costo de financiamiento de todos los países de la eurozona, volcando las apuestas por otras divisas como el dólar.
Por lo pronto el gobierno de Papandreu ha manifestado la intención de
reducir el gasto público en 10% para el próximo año, más no será sino
hasta enero, cuando se presente el Programa de Estabilidad y Desarrollo
al Parlamento, que se conozca a ciencia cierta que tan decidido está el
nuevo gobierno a cambiar a Grecia (7).
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