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Diferencias entre Buena fe, Mala fe, Culpa y Dolo

Conozca los términos empleados legalmente para referirse a los actos realizados con honestidad (buena fe), malicia (mala fe), imprudencia (culpa) y maldad (dolo).

La buena fe es un requisito legal de toda relación contractual
La buena fe es un requisito legal de todo contrato.

La buena fe puede describirse como un estado mental de honradez, de convicción en cuanto a la verdad o exactitud de un asunto, hecho u opinión, de un título de propiedad o de cualquier otro título del que se pretenda un derecho, del derecho pretendido, o de la rectitud de una determinada actuación o conducta. Es importante destacar el hecho que la buena fe no implica necesariamente tener la razón, si no creer honestamente que se tiene la razón sobre lo que se pretende o sobre el acto realizado, bien sea esta cierta o no.

Contrario a lo que muchos piensan, la presunción de buena fe no existe en el Código Civil, con la excepción de lo que establece su artículo 789º referido específicamente a la cuestión posesoria, más no a la contractual. No obstante, debe tenerse presente que la Presunción de Inocencia es uno de los Principios Generales del Derecho, pero de igual forma, la inocencia no es necesariamente equiparable a la buena fe, sino que depende del acto. Las leyes en determinados casos permiten la presunción de mala fe salvo prueba en contrario.

Actuar de buena fe no garantiza un derecho, pero la ley otorga a la parte que actúa de buena fe una protección preferente. Por ejemplo, todas las partes de un juicio que actúan de buena fe deben tener garantizados sus derechos procesales en igualdad de condiciones, pero evidentemente una de ellas resultará vencedora y otra resultará perdedora. Ahora, si una de las partes actúa en el proceso con mala fe o con dolo, parte de esta protección se pierde y las presunciones se vuelcan en su contra antes de la sentencia, tal como lo establece el artículo 170 del Código de Procedimiento Civil.

La mala fe es lo contrario a la buena fe. Actuar de mala fe es tener el conocimiento o la conciencia que el acto que se pretende no es legítimo y a pesar de esto, llevarlo a cabo. Actuar de mala fe es actuar con deshonestidad, con falta de lealtad y probidad, es actuar con el conocimiento de un vicio y aún así pretender un derecho. Se actúa de mala fe cuando se pretende un derecho que se conoce le corresponde legítimamente a otro. Actuar de mala fe no implica tener la intención de causar un daño, ya que estaríamos en presencia de un acto doloso, sino que, al actuar de mala fe, se tiene el conocimiento que la actuación es ilegal y/o podría causar un perjuicio a parte, o a terceros.

El término "mala fe" fue acuñado por el filósofo existencialista Jean-Paul Sartre para describir una situación en la que se actúa como si no se tuviera nada que ver con lo que le ocurre. Sartre describe la mala fe en su obra "El Ser y la Nada" con un ejemplo:

"Dos jóvenes están sentados en un café; ella sabe que el hombre intenta seducirla, la charla avanza y él toma la mano de la joven. Pero la mujer no responde, deja estar las cosas, ni retira la mano ni confirma la intención del hombre, evita tomar una decisión (aceptar o rechazar la insinuación) dejando su mano en la de él como si realmente no fuese consciente de la situación: se trata a sí misma como un objeto, como algo pasivo, como si no fuese protagonista, como si le ocurriesen las cosas y no fuese propiamente libre'". [fuente]

Eso es lo que Sartre denominaba "actividad-pasiva", se actúa simulando que no se actúa, se piensa y se calcula lo que ocurrirá con la acción-inacción estratégica, el objetivo es que los demás no adviertan que en verdad está actuando, que está decidiendo, que quiere manejar la situación sin que se note, suprimiendo las manifestaciones visibles de esa acción. Tener mala fe es intentar comunicar que se es víctima de las circunstancias. Es intentar borrar el "Yo". La frase central de la mala fe es: "Yo no fui", o más in extenso y preciso: "Yo no soy".

Determinar la buena fe o la mala fe es de especial importancia en aquellos procesos de la jurisdicción civil en la que existe una controversia judicial por la incertidumbre o el desconocimiento de un derecho. Al respecto, las leyes protegen a los contratantes que actúan de buena fe, quedando bajo su decisión si los instrumentos viciados (y sus obligaciones) deben ser anulados o deben continuar existiendo. No obstante esta protección tampoco es ilimitada, dado que generalmente, la inexistencia del consentimiento o la existencia de vicios del consentimiento (ej. error, violencia y dolo) tienen efectos frente a cualquier otro adquiriente, bien sea de mala fe o de buena fe, pero solo estos últimos pueden reclamar en repetición por daños causados.

Una parte contratante actúa de mala fe por ejemplo, cuando conoce un vicio en el contrato y aún así persiste en otorgar o adquirir la obligación. Actúa de mala fe quien adquiere un inmueble con conocimiento que no pertenece a quien lo está vendiendo. También actúa de mala fe quien pretende obtener un derecho de un contrato simulado con conocimiento del vicio. Un poseedor actúa de mala fe cuando adquiere un dominio sin título o con el conocimiento que el título está viciado.

Determinar la mala fe en ocasiones puede no ser una tarea fácil, ya que no es posible entrar en la psiquis de las personas para determinar sus conocimientos e intenciones al momento de contratar o al realizar determinadas actuaciones. Pero para determinar si hubo mala fe en esta área, y de hecho para determinar la verdadera intención volitiva de las partes contratantes, se debe estudiar el modo en las que fueron otorgadas y/o adquiridas las obligaciones contractuales. Esto se debe a que el artículo 1.160º del Código Civil establece la obligación de las partes contratantes a ejecutar de buena fe sus respectivas obligaciones recíprocas.

Culpa y Dolo

La culpa y el dolo son elementos esenciales del delito, pero al igual que sucede con los actos realizados de mala fe, pueden estar sujetos al resarcimiento por daños y perjuicios.

La culpa en el sentido estricto consiste en una omisión de la conducta debida para prever y evitar un daño. Se trata de una conducta atrevida o descuidada del sujeto activo, con la que se provoca un daño o perjuicio, sin haber tenido la intención de causarlo. La culpa puede manifestarse en diversas formas: imprudencia, negligencia, impericia o mediante la inobservancia de reglamentos o deberes. Se configura un delito culposo cuando se realiza un hecho tipificado como delito sin haber tenido la intención de realizarlo. Un ejemplo de delito culposo puede darse en accidentes vehiculares, donde no suele haber intención (dolo) pero si culpa.

La culpa en sentido amplio abarca a la culpa en sentido estricto, y al dolo. Cuando un Tribunal encuentra culpable a una persona por la comisión de un delito, se está refiriendo a una culpabilidad en el sentido amplio, por una conducta punible que puede ser a su vez dolosa o culposa.

El dolo por su parte es actuar con la intención de causar un daño. En el dolo hay mala fe y más. Es la intención de cometer un acto ilegal y a su vez, de producir sus consecuencias. Puede manifestarse cuando se tiene conocimiento que un acto que se pretende realizar será ilícito, y aún así proseguir a cometerlo. En derecho penal, el dolo implica la intención de realizar una conducta típica prohibida por la ley (Ej. homicidio, invasión, estafa, hurto, robo, etc.). En derecho civil el dolo es la característica esencial del ilícito civil; por ejemplo, cuando una de las partes contratantes se encuentra en la posición de poder cumplir con una obligación adquirida (ajustada a la ley), pero intencionalmente la incumple; o cuando se induce intencionalmente en error a una de las partes contratantes.

Para terminar...

La mala fe es una conducta pasiva (actuar sin actuar) que produce un daño, la culpa es una conducta omisiva (dejar de hacer algo requerido) que produce un daño, y el dolo es una conducta activa destinada intencionalmente a producir un daño. La clave para separar la buena fe y la mala fe parece estar en el mero conocimiento, mientras que la clave para separar la culpa y el dolo se encuentra en la intención. Podríamos decir que la buena fe se equipara a la honestidad, la mala fe se equipara a la malicia, la culpa se equipara a la imprudencia y el dolo se equipara a la maldad.

El término "malice" en el derecho anglo-americano se equipara al término "dolo" empleado en nuestro sistema. En ambos casos se trata de la "intención delictuosa".

Comentarios

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2 comentario(s) archivado(s)

alejandro david olivetti dice:
me parese que para ser mas esxplisitos deverian centrar la explicacion en los actos juridicos en donde el ordenamiento juridico demuestra la presuncion de la mala fe en cosas concretas
#1(17.04.2012 09:14)(Arriba)
jonathan gomez dice:
solo una palabra excelente explicación
#2(07.11.2013 23:47)(Arriba)
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