Más que una práctica deportiva, el Surf se ha convertido en toda una cultura que ha generado (y de seguro seguirá generando) seguidores por todo el mundo. Venezuela no podía quedar exenta.
La historia del Surf se remonta a hace más de 500 años en las Islas de Polinesia. El explorador inglés James Cook llegó a las islas de Hawaii en 1778, y con ello una represión de las culturas autóctonas, por lo que el deporte comenzó a perder auge. No fue sino hasta poco después de iniciado el siglo XX que se recuperó gracias al interés de turistas y militares estadounidenses en la isla (recordemos que el complejo portuario Pearl Harbor se ubica en ese archipiélago) . Otras versiones indican que luego de que los pobladores de las islas asesinaran a Cook y parte de su gente, los descendientes de los reyes hawaianos se juntaron para retomar el hábito de montar las olas. Fue en la Playa Waikiki, en la costa sur de la isla Oahu que un grupo de 10 personas, entre ellas Duke Kahanamoku, considerado el padre del surf moderno, retomaran la vieja práctica prohibida por los europeos. Años más tarde se hizo popular en las costas de California y luego de Australia, extendiéndose así a lo que conocemos en la actualidad. Para la fecha hay muchas variantes del deporte con la inclusión del viento como Kitesurf y Windsurf, y otras terrestres como el skate y snowboarding. [1]
Por la década de los 60, ya el surf era conocido en varios países de los cinco continentes. En Latinoamérica, Perú y algunas zonas de Chile, como Pichilemu, repuntan en la práctica. En Venezuela, aunque se da más el Kitesurf por las condiciones del viento, generalmente se practica en la costa centro-oriental del país, por ser los lugares más idóneos en cuanto a las olas. Como bien dice Arianna Quintero en su libro Guía Extrema (2007-08), en nuestro territorio la temporada de olas aplica de noviembre a abril, gracias a las corrientes frías que vienen del norte. De agosto a noviembre, la época vacacional, para aquellos que todavía pueden darse ese lujo, es la temporada de huracanes en el océano Atlántico, lo que provoca buenas olas en el caribe, y por ende, en las costas venezolanas.