El actual presidente brasileño fue reelegido para un segundo mandato de cuatro años por casi 60 millones de electores.
Pese a las numerosas acusaciones de corrupción contra algunos de sus principales colaboradores en el gobierno, Luiz Inácio Lula da Silva recibió por parte del pueblo de Brasil una segunda oportunidad, en un claro apoyo a su gestión, que ha dado prioridad al sector más necesitado en Brasil constituyen alrededor de un tercio de los 187 millones de habitantes, tras su victoria, el mandatario anunció "un golpe de timón a su gestión" para impulsar una mayor expansión económica del país.
El presidente reelecto insinuó así "un cambio en la gestión económica", que en su primer mandato se basó en un rígido control fiscal y control de la inflación con una dura política monetaria, que puso un freno a un mayor crecimiento.
En el campo político ex líder sindical carece ahora de mayoría para aprobar sus iniciativas en el Congreso, aunque en su pasada gestión ya contó con el apoyo clave de un sector del Partido del Movimiento Democrático Brasileño, buscará dialogar con la oposición, el presidente incluyó en materia de dialogo al Partido de la Social Democracia Brasileña de Alckmin, que gobierna importantes estados, como el de Minas Gerais.
Interesante el panorama político que se plantea en Brasil, en donde a Lula Da Silva le tocará ocupar el puesto de líder regional, no solo porque es el jefe de estado del país más grande del subcontinente, si no por la política de relaciones exteriores soberana e inteligente que ha llevado Brasil, que se ha visto opacada por la petro-diplomacia del mandatario Venezolano Hugo Chávez.